Libertad de Expresión: No sólo un derecho periodístico, un derecho humano

El mayor error del uso de la libertad de expresión es querer expresar siempre más que todos aquellos que se expresan libremente, reafirmando el derecho de su identidad como única autodeterminación.

Esta falta de compatibilidad conlleva al enfrentamiento entre diferentes y diversas culturas que luchan por dignificar su identidad ante la discriminación denigrante de sociedades o sectores sociales carentes de tolerancia. Un mal nunca debe justificarse con otro; así como la intolerancia, con la intolerancia. El ojo por ojo, diente por diente, no dignifica la justicia ni mucho menos aún al ser humano como humano, sino a la guerra y al bárbaro como bárbaro.

Quien utiliza la libertad de expresión para enfrentar culturas sin buscar una mejor compenetración entre todas ellas, no es digno de hacer uso de esa libertad. A falta de sentido común siempre tiene que haber normas. Pero la norma no puede pensar por sí misma si no hay un mínimo sentido común. Y si es de sentido común la libertad de expresión ¿qué es lo que queda de esa libertad sin un mínimo de sentido que garantice el respeto como norma?

El terrorismo por la independencia del País Vasco, la rebelión de los barrios marginales de Francia, la “globalización” estadounidense y la frustración de la Constitución de la UE, la guerra ilegal de Irak y las repercusiones que han sufrido y sufren los países que apoyaron y apoyan esa guerra con el asentamiento de sus tropas, las revueltas de Pakistan, Israel y Palestina, las torturas en prisiones estadounidenses y las vejaciones que sufren en las detenciones las poblaciones insurgentes, el programa nuclear que intenta desarrollar Teherán en contra de la política de la ONU, los asaltos a las embajadas europeas por ironizar en los medios de comunicación con las viñetas de Mahoma, no son más que resultados de políticas radicales y abusivas.

Y a políticas radicales y abusivas, situaciones extremas y desesperadas; que a falta de respeto, aceptación y comprensión de las diferentes culturas como integración de la diversidad de identidades, éstas se autodeterminan, independientes y determinantes, repeliendose entre sí en la magnificencia dignificada de su independencia, como si el mundo no dependiera del mismo mundo.

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